Para que los trabajos de una consultora en una empresa obtengan los resultados finales deseados es indispensable la existencia de un feeling mutuo, que por propia humanidad no siempre es posible alcanzar.
Creo que los que lleven tiempo en el tema entenderán a que me refiero cuando digo que resulta francamente gratificante y motivador para todos (empresas y consultoras) que desde el primer contacto fluya un grado de entendimiento y complicidad mutua.
El mismo trabajo resuelto por unos o por otros, con similares niveles de profesionalidad, obtendrá resultados distantes simplemente por falta de comunicación.
Una comunicación fallida, generará la relación contraria a la necesaria para el éxito de los proyectos: una antibiosis dónde al final todos pierden.
¿Pero de que “materia” debe estar hecho el consultor, para generar y potenciar el sentimiento necesario? Dejando a un lado la experiencia, que como decía mi abuela: “es la madre de la ciencia”, y en particular de esta ciencia, el perfil de un consultor capaz de simbiotizar con el cliente es aquel:
- Con disposición y actitud palpable de servicio, lo cual presupone mucha escucha, cierta modestia y palpable cercanía.
- Con elevadas habilidades sociales para desarrollar el estilo de relación que precisa el cliente, ni más ni menos.
- Amplia visión, no sólo empresarial, sino aquella que te permite ver la situación desde la perspectiva del otro, en definitiva empatía.
- Concluyendo aquel cuyo grado de competencia le permite adecuarse al contexto concreto, utilizándola de manera idónea.
En cuanto a la empresa, para que se produzca la complementariedad necesaria con el proyecto de consultoría, precisa contar con:
- Cohesión en el equipo directivo, o en su defecto líder indiscutible y competente.
- La capacidad para aceptar los esfuerzos derivados del proyecto como parte del trabajo y no como una carga adicional.
- Entender que el consultor no usurpa funciones directivas, en realidad su misión es ayudar, impulsar, complementar, frecuentemente transformar.
- Comprender que “el cambio” es lo único capaz de permitirnos llegar a un lugar distinto, sabiendo que habitualmente los esfuerzos efectivos para lograr el cambio son aquellos a los que estamos menos dispuestos.
- Confianza, en el sentido más amplio de la palabra, en el consultor.
Quizás sería apropiado decir que la simbiosis empresa-proyecto consultorías e consigue en el sentido descrito anteriormente, cuando existe afinidad y complementariedad competencial entre ambos, cuando existe fe y amor conjunto por el proyecto, y bioquímica adecuada entre los líderes del mismo.
Si esto se produce... “que el mundo tiemble”.
Montse Alsina

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