¿Es normal vivir en un país que, si un pequeño empresario sin empleados, se plantea dejar de trabajar, automáticamente se ahorra unos 1200 euros (gastos fijos)? Y que si además en vez de empresario es empresaria, se va a ahorrar de gastos derivados de la conciliación de vida (canguro, autobús, etc.) unos 800 euros más?
Teniendo en cuenta los momentos que estamos viviendo, o se ponen las pilas y empiezan a pensar en lo que este país realmente necesita: empresas que generen puestos de trabajo y movimiento económico positivo, favorecer al nuevo emprendedor y al que ya ha emprendido, facilitar la conciliación, apoyar al “autónomo”, etc. o aquí muchos empezaremos a plantearnos en serio la moraleja de la siguiente historia.
Un hombre de negocios estadounidense estaba en el embarcadero de un pueblecito costero de México cuando llegó una barca con un solo tripulante y varios ATUNES muy grandes. El estadounidense felicitó al mexicano por la calidad del pescado y le preguntó cuánto tiempo había tardado en pescarlo.
El mexicano replicó: Oh! Sólo un ratito.
Entonces el estadounidense le preguntó por qué no se había quedado más tiempo para coger más peces. El mexicano dijo que ya tenía suficiente para las necesidades de su familia.
El estadounidense volvió a preguntar: ¿Y qué hace usted entonces con el resto de su tiempo?
El mexicano contestó: - Duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, duermo la siesta con mi mujer, voy cada tarde al pueblo a tomar unas copas y a tocar la guitarra con los amigos. Tengo una vida plena y ocupada, señor.
El estadounidense dijo con tono burlón: Soy un graduado de Harvard y le podría echar una mano. Debería dedicar más tiempo a la pesca y con las ganancias comprarse una barca más grande. Con los beneficios que le reportaría una barca más grande, podría comprar varias barcas. Con el tiempo, podría hacerse con una flotilla de barcas de pesca. En vez de vender su captura a un intermediado, se la podría vender al mayorista; incluso podría llegar a tener su propia fábrica de conservas. Controlaría el producto, el proceso industrial y la comercialización. Tendría que irse de esta aldea y mudarse a Ciudad de México, luego a Los Ángeles y finalmente a Nueva York, donde dirigiría su propia empresa en expansión.
Pero señor, ¿cuánto tiempo tardaría todo eso?
De quince a veinte años.
Y luego ¿qué?
El estadounidense soltó una carcajada y dijo que eso era la mejor parte: Cuando llegue el momento oportuno, puede vender la empresa en bolsa y hacerse muy rico. Ganaría millones.
¿Millones, señor? Y luego ¿qué?
Luego se podría retirar. Irse a un pequeño pueblo costero donde podría dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con sus nietos, hacer la siesta con su mujer e irse de paseo al pueblo por las tardes a tomar unas copas y tocar la guitarra con sus amigos.
Bueno, pero eso es lo que hago ahora señor ¿Por qué tengo que esperar veinte años?
SEÑOR@S PLANTÉENSE EL RESULTADO

Comentarios (2)
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Un gran artículo Montse. La verdad que si todos fuéramos como este pescador quizás no habría hambre en el mundo. Lamentablemente el dinero siempre mueve envidias, poder, y nos convence de que tendremos una vida más fácil y feliz cuanto más tengamos. Y cuanto más tenemos, más queremos como el estadounidense. Respecto de las políticas económicas del Gobierno, en mi opinión los problemas no se solucionan salvando el parche momentáneamente (subiendo IVA, Gasto Público). Creo que el principal problema de todos es el miedo a decir la verdad. Decir que mañana saldremos de la crisis cuando no es cierto genera desconfianza y desilusión en la gente que se traduce en reducción de consumo, no a la inversión, y es un estímulo a evitar pagar impuestos. Cuando lo que se necesita para crear una buena base de recuperación es lo opuesto. Creo que el cambio es necesario. Se necesita un cambio de "algo" o de "alguien". Muy buen artículo Montse, me has picado a opinar (poner un tostón,jjj). Un saludo, Iñaki
Iñaki dijo el 07/11/2009
Gracias por tu comentario Iñaki. Un saludo, Montse
MONTSE dijo el 10/11/2009
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