Volviendo de un curso y reflexionando sobre el éxito del resultado, me puse a pensar en cómo lo hacía hace 10-15 años, y cómo lo hago ahora, y cómo, afortunadamente para mi perfil profesional, me he ido asimilando en formas, contenidos y éxitos a los que antes detestaba.
Cuando empecé en esta profesión, recuerdo que mi nivel de motivación era extremo, y en cuanto a la preparación de los cursos nada que ver con ahora. Tenía el curso totalmente memorizado desde el inicio al fin, conocía al detalle los ejercicios y su orden en la programación, y por supuesto nunca dejaba ni el más mínimo epígrafe por contar, ni el más mínimo detalle por tener en cuenta. Técnicamente era muy buena y sin embargo no conseguía atraer a la audiencia como lo consigo hoy.
En aquella época cuando tenía ocasión de ver cómo lo hacían los senior, no era capaz de comprender las razones de su éxito. Ahora que estoy ya en esa etapa (por edad y experiencia) creo que puedo entender por qué.
Desde el punto de vista personal, obviamente la madurez te otorga unos recursos personales que sólo el tiempo es capaz de facilitar: llamémosle habilidades sociales, conocimiento empresarial, conocimiento humano y experiencias a todos los niveles de la vida. Estos factores hacen que la memorización de un curso como antaño, no tenga lugar, porque sólo cuando estas frente al grupo y palpas su capacidad y su reacción puedes valorar hasta dónde deberás llegar y por dónde debes ir.
Lo que definitivamente te otorga el calificativo de bueno, o en el mejor de los casos de excelente es “la credibilidad y el respeto que eres capaz de ganarte de la audiencia”, y ahí la edad, por todo lo anterior, y probablemente también por la simple imagen juega definitivamente a favor del consultor profesional.
En definitiva, que el consultor, como el buen vino, gana notablemente con los años.
¡Qué suerte dedicarme a una profesión dónde la edad juega a mi favor!
Montse Alsina

Comentarios (0)
Comenta este contenido